La siesta no es un invento español

La siesta no es un invento español

El español exporta pocas palabras a otras lenguas, pero cuando lo hace, llegan para quedarse. Las tres más populares son paella, fiesta y siesta, y de ésta última nos ocuparemos hoy.

La palabra siesta es uno de los ejemplos del pragmatismo de los hablantes y de la economía de las lenguas. ¿Para qué inventar una palabra nueva si le puedes dar un uso nuevo a una que ya existe? En el caso de siesta, si queremos encontrar el origen de esta voz, debemos remontarnos a la época romana y comprender cómo los romanos dividían las horas del día y la noche.

Las horas de los romanos eran diferentes cada día. El sistema que usaban era relativo a las posiciones del Sol, y no tenía una duración fija como el que usamos hoy en día. Dividían el tiempo de luz en 12 fracciones o partes y el tiempo de oscuridad en otras 12. Estas fracciones eran variables a causa de la órbita terrestre alrededor del Sol. Durante los días del equinoccio de verano e invierno, la duración de las fracciones coincidía, así que cada una de ellas duraba 60 minutos. Pero a excepción de esas dos fechas, durante el resto del año los periodos diurnos y nocturnos podían variar entre 45 y 75 minutos según la época del año.

En el uso coloquial, los romanos agrupaban estos periodos en grupos de tres, y a cada uno de esos grupos lo llamaban hora si era de día y vigilia si era de noche. Nótese que la hora/vigilia romana no duraba 180 minutos (3 horas), sino entre 135 y 225 minutos, según la época del año. Para denominar a cada una de estas horas y vigilias, usaron los numerales ordinales latinos. Así tenemos horas prima, tertia, sexta y nona, y vigilias prima, tertia, sexta y nona. Las horas prima y tertia son las que van entre cada amanecer y mediodía. Las horas sexta y nona, las que van entre el mediodía y la puesta de Sol. Lo mismo ocurre con las vigilias, pero durante la noche. Así encontramos que la hora sexta, que es la que nos ocupa, es la que comprende el período justo después del mediodía y las horas más soleadas. Los romanos aprovechaban este tiempo para un descanso después de la comida y a ese momento de descanso lo llamaron sexta, como la hora en la que se producía. Sexta derivó fácilmente a siesta en latín vulgar con el paso de los años.

Resulta que la más española de todas las costumbres, y de las palabras, no es española. Es otra parte de la amplia herencia que dejaron tras de sí los romanos. Pero hoy en día, ¿quién se acuerda de ellos? La siesta es española, y punto.  

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s