No hay que leer a los clásicos

No leas los clasicos

No te avergüences si no has leído los clásicos. No finjas que lo has hecho. No tiene sentido mentir a todo tu entorno sólo porqué no has leído esos libros. Ellos tampoco lo han hecho. Todo el mundo se empeña en destacar la perfección de ese selecto grupo de autores y todos se vanaglorian de haber leído de cabo a rabo hasta los más “tochos”. Pero tú no tienes por qué ser uno de ellos. Admite que no las leído los clásicos y que no pasa nada.

Al fin y al cabo, ¿quién decide qué libro se considera un clásico? ¿Cómo entra uno en esa categoría y por qué se queda fuera? No hay leyes universales que determinen la calidad de una obra ni hay una jerarquía en la que unos libros estén por encima de otros. Hay simplemente libros, con sus cualidades positivas y sus defectos.

Hay libros para pasar el rato, para aprender algo nuevo, para experimentar cierta emoción de nuevo, para conocer un lugar o una época lejanos… Hay tantos propósitos como libros diferentes. Algunos cumplen mejor y otros peor con esos propósitos.

Por supuesto, también hay “literatura basura”, si me permites usar el término a semejanza de las hamburguesas de la “comida basura”. Hay libros que no tienen propósito alguno. Y peor todavía, los hay cuyo único propósito es apelar a una parte del ser humano que los coge de la estantería y conseguir vender la mayor cantidad posible de copias. Esos libros se consideran literatura basura, aunque yo les quitaría hasta lo de literatura del nombre.

Pero hay que darles una oportunidad, un voto de confianza. La literatura basura en ocasiones puede servir como herramienta para un bien mayor, que es el de conseguir que más personas se aficionen a la lectura. Esa clase de libros con un argumento pobre y predecible y un vocabulario reducido pueden ser el trampolín perfecto para adentrarse en el descomunal mundo de la palabra escrita. Sirven para establecer un hábito de lectura en una persona que no es capaz de pasar más de veinte minutos seguidos sentado y en silencio. Sirven para que los poco hábiles con el lenguaje se acostumbren a comprender oraciones complejas. Sirven en el peor de los casos para reafirmarse uno en el hecho de que ha conseguido “terminar” un libro, lo cual es mucha satisfacción para el lector novel.

Así que deja los clásicos a los catedráticos. Que ellos discutan qué quiso decir alguien en su libro. Tú lee. Lee lo que quieras, pero lee. Lee poquito, una vez a la semana, todos los días o sólo por las noches, pero lee. No te quedes fuera del impresionante universo que se esconde tras cada página. No te lo pierdas. Lee.

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