Romper el techo de cristal, ¿siendo freelance?

Romper el techo de cristal siendo freelance

El sistema tradicional de empleo simplemente no funciona. Si una mujer desea tener una próspera carrera laboral debe tener en cuenta que en cada etapa de su vida tendrá que enfrentarse a uno o más obstáculos en muchos casos insalvables. Pero quizás esta situación ya no tenga que ser el futuro de las profesionales.

Toda mujer que desea dedicarse a una profesión que exige tiempo y dedicación se encuentra en la tesitura de tener que superar obstáculos, en ocasiones insalvables, durante todos los periodos de su vida.

A los 20 una no ha terminado de formarse o no tiene suficiente experiencia para ningún puesto remunerado. Todo son becas y prácticas, pero nada con lo que puedas ganarte el pan. Una debe seguir dependiendo de otras personas, ya sean padres, familiares o pareja, mientras sigue estudiando o recoge las migas de experiencia laboral que le ofrecen diferentes programas de becarios y ayudantes no remunerados. Y ni siquiera voy a mencionar el problema del aspecto físico a la hora de conseguir o no un trabajo, que ya de por sí es un problema lo bastante grave para ser discutido en otro momento.

A los 30 una ya ha conseguido establecerse en el ámbito laboral y piensa en ser madre, tanto si ha encontrado una persona con la que compartir su vida como si decide hacerlo en solitario. Pero esto implica estar, en el mejor de los casos, un año fuera del mundo laboral y de gran parte de la sociedad. Al fin y al cabo, tener un hijo es una gran responsabilidad. No se trata solamente de engendrarlo y traerlo al mundo para luego abandonarlo en los brazos de cualquiera o en un aula de guardería masificada. Se trata de ser un progenitor responsable que se encargue de la manutención, la educación y el correcto desarrollo de la prole. Por tanto hay que elegir: ser buena madre o ser buena profesional.

A los 40, cuando los hijos han alcanzado cierto grado de independencia, una decide volver a la escena laboral, esforzarse y darlo todo por alcanzar un puesto de responsabilidad. Una se da cuenta de que tiene mucho que ofrecer a su empresa y a sus clientes y que ya ha acumulado una experiencia vital digna de ser compartida y puesta en práctica para la mejora de su profesión. Pero entonces se topa con el techo de cristal. Se encuentra estancada en una posición media-alta, pero ve como todos los que la rodean ascienden y se realizan como profesionales mientras ella los mira pasar.

A los 50, aun habiendo superado la terrible barrera del techo de cristal, aun habiendo probado su eficacia y habilidades y aun teniendo un alto cargo, una ve cómo todos a su alrededor empiezan a obviarla. Es como si al cumplir los 50 una empieza a dejar de ser necesaria; empieza a ser prescindible. Una mujer de 50, y ya no hablemos de 60, deja de estar bien vista en el mundo laboral. Eso la aboca a una larga jubilación, que no siempre está asegurada, porqué durante toda su vida una ha visto cómo los hombres a su alrededor ganaban más dinero desempeñando el mismo trabajo.

Y después una se muere. Se muere físicamente o se muere del asco, lo que ocurra antes.


La fórmula del empleo freelance podría constituir una de las mayores revoluciones para las mujeres en el ámbito laboral.


Pero esta tendencia ya no tiene que seguir repitiéndose. Ahora las mujeres pueden elegir ser freelance y ser las únicas responsables de cómo se desarrolla su carrera laboral. Estudios estadísticos en diferentes países no solamente señalan el hecho de que hay más freelance mujeres que hombres; también resaltan la tendencia de que las mujeres tienen más clientes y tarifas más altas que los hombres. Quizá sea la propia brecha salarial la que impulsó a muchas a realizar trabajos freelance a tiempo parcial para contrarrestar la diferencia de ganancias. Pero viéndose forzadas a tener que montar un negocio secundario y llevarlo ellas solas al éxito, las mujeres freelance han aprendido a ser autodidactas, a descubrir cómo funciona la tecnología y a usarla para su beneficio. Han aprendido a ser secretarias y jefes, madres y profesoras, todo a la vez.

Por primera vez en la historia una puede comenzar a trabajar a los 16, si quiere y es capaz. Puede aprovechar su talento desde el mismo principio de su vida adulta y no esperar a tener por lo menos 25 para ser económicamente independiente. Ahora una puede decidir en qué momento quiere convertirse en madre y además seguir llevando su negocio desde el hogar. Una puede dar a luz y ejercer un papel tan importante como el de madre sin renunciar a evolucionar como profesional y seguir aprendiendo a realizar su profesión mejor cada día. Una puede decidir qué rumbo toma su negocio y tomar las decisiones importantes sin dar explicaciones a nadie. Y puede hacerlo durante todo el tiempo que quiera o que su salud se lo permita, porqué ya no importa que tenga más de 50, 60 o 70, mientras tenga talento, habilidad y experiencia para realizar un buen trabajo.

Por primera vez en la historia, nuestros negocios giran entorno a nuestras vidas y no al contrario. Es ésta la verdadera revolución del modelo freelance. Su importancia reside en que las jornadas de 8 horas están obsoletas en gran parte de los oficios que existen hoy en día, sobre todo si tenemos en cuenta que los negocios y los intercambios comerciales se realizan entre puntos lejanos del planeta y, por tanto, en diferentes franjas horarias. Ya no importa la cantidad de horas que pases trabajando, importan los resultados que consigas durante ese tiempo. Y por eso las mujeres están tomando las riendas de este nuevo modelo de empleo y haciéndolo suyo, evitando que nunca más exista un techo de cristal o de cualquier otro material.

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