¿Por qué es más fácil aprender una tercera lengua?

¿Cómo funciona el trilingüismo?Ya hablamos del bilingüismo en este blog hace un tiempo, aunque aquella vez nos centramos en el debate sobre si el bilingüismo tenía lugar en las aulas o no. Hoy me gustaría hablar de algo un poco diferente, y también más personal. Se trata de la adquisición de la tercera y sucesivas lenguas una vez se ha aprendido la segunda. ¿Existe esa famosa facilidad para aprender la L3 solo por ser bilingüe? ¿O las lenguas que ya hablamos tienen que ver con cuánto tardamos en aprender la tercera lengua y sucesivas?

Muchos estudios se han hecho con personas monolingües y bilingües. Se han comparado sus habilidades no solo para adquirir un nuevo idioma, sino también sus capacidades en matemáticas, dibujo y otras situaciones (pero no vamos a hablar ahora de las ventajas y las desventajas del bilingüismo, eso podría ser otro artículo aparte). De todos es sabido que la tercera lengua se aprende con más facilidad que la segunda. Es cierto que los escáneres cerebrales muestran que los bilingües tienen una materia gris más densa en la zona inferior de la corteza parietal, sobre todo los que aprendieron la segunda lengua en la infancia. Pero, ¿podemos medir la capacidad para aprender lenguas con la densidad de la materia gris? Puede que este sea un buen indicador, pero, ¿funciona con todas las lenguas por igual? ¿Aprendemos la tercera lengua porque nuestro cerebro ya está “programado” para ello desde el aprendizaje de la segunda? ¿O tenemos más facilidad porque somos capaces de asociar conceptos en más de una lengua?

En el aprendizaje de las lenguas, y de cualquier otra cosa, no solamente interviene el cerebro “de dentro hacia fuera”. También juega un papel muy importante la cultura en la que uno se desarrolla. Todos sabemos que es más fácil aprender una lengua similar a la materna que una completamente diferente. Cuando más “familiares” sean las lenguas, más fácil es asociar conceptos y aprender los fonemas de la segunda lengua. Por ejemplo, un hablante de español tendrá relativa facilidad con las lenguas romances, alguna dificultad más con las germánicas, y quizás pueda aprender casi cualquier lengua indoeuropea medianamente bien, pero en el momento en que salimos de la familia de las indoeuropeas las dificultades aumentan, y se hace complicado aprender chino o japonés.

Por otra parte, conociendo lenguas de diferentes familias, el hablante tiene un mayor rango de fonemas, construcciones gramaticales e ideas entre las que “elegir” a la hora de hablar. Así, si necesita aprender una nueva lengua completamente distinta, puede “tomar prestados” recursos de las diferentes que ya conoce, ya sean fonemas que existen en una lengua y en otra no, o un esquema de orden de las palabras, o un sistema de tiempos verbales. Esas asociaciones se llaman en inglés Positive Transfer y son mecanismos que usamos para “aligerar” la carga de aprender la nueva lengua. Por eso ocurre a menudo que aprendemos una palabra nueva y pensamos “Anda, como en esta lengua, que se dice parecido“. Pero el cerebro no es una máquina perfecta y también nos juega malas pasadas. Igual que hay Positive Transfers, también existen los Negative Transfers, y estos son los responsables de los errores que cometemos al usar “falsos amigos” o al ordenar las palabras en alemán como si fuera inglés. No todo iba a ser un camino de rosas, ¿verdad?

Además, hay un problema muy común en los políglotas, y es la dificultad para encontrar palabras exactas de uso poco frecuente en las diferentes lenguas que dominan. Ocurre demasiado a menudo que un políglota necesita “cambiar” de idioma en su cerebro para expresar un determinado concepto porque no localiza en su base de datos la palabra concreta. Por eso los políglotas suelen trabarse más al hablar que los monolingües, sobre todo en situaciones que requieren hacer malabares con varios idiomas. Quizás sea esa la causa de que los niños políglotas de nacimiento, los que tienen padres de diferente nacionalidad por ejemplo, tarden varios meses más en comenzar a hablar que los niños nacidos en familias monolingües.

De todo esto surge una pregunta que, a mi parecer, es muy importante: ¿Hasta qué punto influyen las lenguas que ya conoces en la facilidad que tienes para aprender otras? ¿Hay combinaciones ganadoras de lenguas? ¿O una vez “engrasado” el cerebro, ya no importa tanto cuáles son L2 y L3 o si son semejantes o no? Y digo que me parece importante porque la respuesta podría (o quizás debería) influir en cómo construimos los planes de enseñanza de idiomas en los colegios. Si existe esa “combinación ganadora” de lenguas en la que hay una L1 que hace de buena base y una L2 muy completa en mecanismos gramaticales y fonemas, el aprendizaje de L3, L4 y sucesivas debería facilitarse en gran medida. Y en caso de existir la “combinación ganadora” ¿sería común a todos los recién nacidos o dependería en gran parte de la lengua materna en la que nacen y crecen?

Vaya, parece que este artículo contiene más preguntas que afirmaciones. Por desgracia, los estudios sobre bilingüismo están por todas partes, pero no existen tantos sobre trilingüismo y adquisición de sucesivas lenguas. Puede que el tema no sea tan interesante o que el objeto de estudio se vuelva más complejo cuantas más lenguas y combinaciones de lenguas entran en juego. En cualquier caso, espero vuestros comentarios y opiniones. Las experiencias personales de cada uno con el aprendizaje de L2, L3 y sucesivas pueden aclararnos un poco este asunto tan poco conocido y que a mi parecer tiene más importancia de la que se le ha dado hasta la fecha.

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